DESDE LA SEMANA 16

Congestión Nasal

Durante el embarazo puedes notar que tu nariz está constantemente tapada, como si tuvieras un resfriado que nunca termina. Esta sensación, muy frecuente y a menudo desconcertante, tiene un nombre propio: rinitis del embarazo.

¿Cómo se manifiesta?

La congestión nasal en el embarazo suele sentirse como una obstrucción persistente de ambas fosas nasales, con dificultad para respirar con normalidad, necesidad continua de sonarse, sensación de mucosidad espesa y, en ocasiones, goteo retronasal que provoca carraspeo, tos nocturna o incluso náuseas al acostarte. Algunas mujeres notan también estornudos frecuentes y una ligera disminución del olfato.

Suele comenzar de forma progresiva alrededor del segundo trimestre, con especial frecuencia en torno a la semana 16, aunque puede aparecer antes. En muchos casos, lejos de mejorar, persiste e incluso se intensifica conforme avanza el embarazo, acompañándote hasta el final de la gestación.

Puede asociarse a pequeños sangrados nasales semanales. Esto ocurre porque la mucosa está más frágil y vascularizada, y el simple gesto repetido de sonarse favorece la rotura de pequeños capilares.

Existen factores que aumentan la probabilidad de que aparezca o sea más intensa, como el tabaquismo previo, la sensibilización a ácaros del polvo o el antecedente de rinitis alérgica antes del embarazo.

Para poder hablar de rinitis del embarazo, la congestión debe persistir al menos seis semanas sin causa infecciosa ni alérgica y, de forma muy característica, desaparece espontáneamente en los primeros días o semanas tras el parto, a menudo en menos de una semana.

¿Cuál es la causa?

La congestión nasal del embarazo es la consecuencia directa de los profundos cambios hormonales y vasculares que experimenta tu organismo. El aumento mantenido de estrógenos y progesterona produce una vasodilatación generalizada y un incremento del flujo sanguíneo hacia todas las mucosas del cuerpo, incluida la mucosa nasal. Esta mucosa se vuelve más edematosa, más gruesa y más irrigada. A esto se suma una mayor permeabilidad capilar y una migración de células inflamatorias como eosinófilos hacia el tejido nasal. El resultado es una mucosa hinchada, congestionada y con exceso de secreción, que estrecha el calibre de las vías nasales y dificulta el paso del aire.

Además, el embarazo favorece la retención de líquidos (edema gestacional), que también contribuye a que los tejidos nasales estén más tumefactos. Esta combinación explica no solo la sensación de obstrucción constante, sino también la facilidad para que aparezcan pequeñas hemorragias nasales: los capilares están dilatados, frágiles y muy superficiales.

Consulta si...

Aunque la rinitis del embarazo es un proceso benigno y autolimitado, conviene consultar si la congestión es tan intensa que te provoca insomnio importante, agotamiento, ronquidos severos o dificultad real para respirar, ya que puede afectar a tu descanso y calidad de vida.

También es recomendable consultar si presentas fiebre, dolor facial, secreción espesa verdosa o mal olor, ya que podría tratarse de una sinusitis y no de una rinitis gestacional.

Si las hemorragias nasales son muy frecuentes, casi diarias o abundantes, puede tratarse de un pequeño vaso sangrante que puede cauterizarse fácilmente en consulta por un otorrinolaringólogo.

En la mayoría de las ocasiones, tu médico realizará una valoración clínica sencilla para descartar causas infecciosas o alérgicas y recomendará medidas locales, lavados nasales y, si procede, algún tratamiento seguro que facilite tu respiración hasta el final del embarazo.

¿Qué hacer?

1. Higiene nasal diaria

Realiza lavados con suero fisiológico varias veces al día, sobre todo antes de dormir. Es la medida más eficaz y segura para reducir la congestión.

2. Postura al dormir

Descansa con la cabeza ligeramente elevada. Favorece el drenaje y disminuye el edema nasal nocturno.

3. Ambiente adecuado

Usa humidificador y ventila la habitación. El aire húmedo y limpio protege la mucosa y reduce la irritación.

4. Hidratación y vitamina C

Bebe suficiente agua e incluye frutas y verduras ricas en vitamina C para fortalecer los capilares nasales.

5. Evita irritantes y suénate con suavidad

El humo, el polvo y sonarte con fuerza empeoran la congestión y favorecen el sangrado.

6. Ayudas mecánicas nocturnas

Las tiras nasales y la hidratación con gel nasal o vaselina mejoran el paso de aire sin medicamentos.

7. Ejercicio físico moderado

Caminar o moverte a diario puede mejorar temporalmente la congestión.

8. Medicación solo si tu médico lo indica

Evita descongestionantes nasales y orales sin supervisión. Algunos corticoides nasales pueden valorarse si existe rinitis alérgica asociada.

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