MÁS FRECUENTE DESDE LA SEMANA 28

Hemorroides

Las hemorroides afectan a casi la mitad de las embarazadas y a una de cada tres puérperas, pero muchas evitan consultar por vergüenza o por creer que es algo inevitable. Es una de las molestias menos consultadas en el embarazo, a pesar de su impacto en la calidad de vida. No todo en la gestación es idílico, pero tampoco debe ser un sufrimiento silencioso. Con medidas conservadoras adecuadas, los síntomas pueden aliviarse en pocos días.

¿Cómo se manifiesta?

Las hemorroides son venas inflamadas en la zona rectal que pueden causar picor, ardor, sensación de peso, hinchazón y, en algunos casos, sangrado al evacuar. Estas molestias pueden intensificarse al estar mucho tiempo sentada, después de ir al baño o al realizar esfuerzos físicos. En el embarazo, suelen aparecer con mayor frecuencia a partir del segundo trimestre, cuando el útero en crecimiento ejerce más presión sobre el sistema circulatorio.

Existen dos tipos principales de hemorroides:

  • Las hemorroides internas, situadas dentro del recto, generalmente no causan dolor, pero pueden provocar sangrado durante la defecación o una sensación de presión en la zona anal. En algunos casos, pueden prolapsar, es decir, sobresalir fuera del ano, causando molestias adicionales.
  • Las hemorroides externas, localizadas bajo la piel alrededor del ano, pueden ser más dolorosas y molestas. Suelen causar picazón intensa, inflamación y, en ocasiones, la formación de un coágulo (trombosis hemorroidal), lo que genera un bulto duro y muy doloroso.

Entre los factores de riesgo que predisponen a su aparición se encuentran el estreñimiento, la permanencia prolongada en una misma posición, el aumento del volumen sanguíneo y los cambios hormonales, especialmente los niveles elevados de progesterona, que relajan las paredes venosas y favorecen la congestión. Muchas mujeres experimentan una mejoría tras el parto, pero en algunos casos las hemorroides pueden persistir, especialmente si hubo un esfuerzo intenso durante el expulsivo.

¿Cuál es la causa?

El desarrollo de hemorroides en el embarazo se debe a una combinación de factores mecánicos y hormonales. Conforme el útero crece, ejerce una mayor presión sobre las venas de la pelvis, lo que dificulta el retorno venoso y provoca una dilatación de los vasos sanguíneos en la zona rectal.

Además, el aumento de progesterona juega un papel clave, ya que relaja la musculatura de los vasos sanguíneos, favoreciendo su dilatación y congestionamiento. Esta misma hormona también enlentece el tránsito intestinal, lo que aumenta la predisposición al estreñimiento, un factor agravante de las hemorroides.

Otro elemento importante es el incremento del volumen sanguíneo durante el embarazo, que puede llegar hasta un 50% más de lo normal. Este exceso de sangre también contribuye a la distensión venosa, haciendo que las hemorroides sean más propensas a aparecer.

Por último, el parto puede ser un detonante, ya que el esfuerzo del pujo genera una presión intensa sobre las venas del recto, provocando o agravando las hemorroides existentes.

Consulta si...

Debes acudir al médico si las hemorroides provocan sangrado abundante, dolor intenso, hinchazón severa o si notas la presencia de un bulto duro y muy doloroso en la zona anal, ya que podría tratarse de una trombosis hemorroidal. También es importante buscar atención si el sangrado persiste, ya que puede confundirse con otros problemas digestivos o incluso con fisuras anales.

El ginecólogo o proctólogo puede realizar una exploración visual o, si es necesario, una rectoscopia para evaluar el grado de afectación. En la mayoría de los casos, se recomendarán tratamientos tópicos o cambios en la dieta, pero en situaciones más graves puede ser necesario recurrir a procedimientos médicos como la ligadura con bandas elásticas o la escleroterapia.

Aunque las hemorroides pueden resultar molestas, con un buen manejo y prevención es posible minimizar sus efectos y disfrutar de un embarazo más confortable.

¿Qué hacer?

1. Aumenta el consumo de fibra

Incluye en tu dieta frutas, verduras, cereales integrales y legumbres para prevenir el estreñimiento y facilitar evacuaciones más suaves. La fibra mejora el tránsito intestinal y reduce el esfuerzo al evacuar, disminuyendo la irritación de las hemorroides.

2. Bebe suficiente agua

Mantenerte bien hidratada ayuda a que las heces sean más blandas y fáciles de expulsar, evitando el estreñimiento y reduciendo la presión sobre las venas del recto.

3. Evita estar mucho tiempo sentada o de pie

Si trabajas sentada, levántate y camina cada hora para mejorar la circulación. Permanecer en la misma posición durante períodos prolongados puede aumentar la presión en las venas rectales y empeorar la inflamación.

4. Realiza actividad física

Caminar, nadar o hacer ejercicios suaves de suelo pélvico favorecen el flujo sanguíneo y reducen la presión en la zona rectal. La actividad física ayuda a prevenir el estreñimiento y mejora la circulación, disminuyendo el riesgo de hemorroides.

5. Evita el esfuerzo al evacuar

No hagas fuerza excesiva en el baño, ya que esto puede empeorar las hemorroides. El esfuerzo aumenta la presión en las venas del recto, provocando mayor inflamación y dolor.

6. Duerme de lado

Preferiblemente sobre el lado izquierdo, para aliviar la presión sobre las venas pélvicas. Esta posición mejora el retorno venoso y disminuye la congestión en la zona rectal.

7. Mantén una higiene adecuada

Usa agua tibia y toallitas suaves en lugar de papel higiénico para evitar irritaciones. La limpieza con agua reduce el riesgo de infecciones y alivia la inflamación.

8. Aplica compresas frías

Reducen la inflamación y alivian la molestia. También puedes usar baños de asiento con agua templada durante 10-15 minutos. El frío disminuye la hinchazón y el agua tibia ayuda a relajar los músculos anales, reduciendo el dolor.

9. Utiliza almohadas con forma de rosquilla

Ayudan a disminuir la presión en la zona afectada cuando estás sentada. Esto evita que el peso del cuerpo agrave la inflamación y el dolor de las hemorroides.

10. Consulta con tu médico sobre el uso de cremas o supositorios

Algunas fórmulas contienen ingredientes calmantes como hamamelis o lidocaína. Estos productos pueden aliviar la picazón, la inflamación y el dolor de manera efectiva.

10. Prueba remedios naturales

Infusiones de manzanilla o aloe vera pueden tener un efecto calmante sobre la zona inflamada. La manzanilla tiene propiedades antiinflamatorias y el aloe vera ayuda a regenerar la piel, proporcionando alivio a la zona afectada.

¿Tienes otros síntomas?