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Acidez O Reflujo

La acidez o reflujo gastroesofágico es un síntoma muy común durante el embarazo, afectando hasta un 70% de las mujeres gestantes. Aunque no es una condición peligrosa, puede ser molesta y afectar la calidad de vida de las futuras madres.

¿Cómo se manifiesta?

La acidez en el embarazo se presenta clínicamente como una sensación de ardor o quemazón que comienza en el estómago y asciende hacia el pecho o la garganta. Este malestar puede ir acompañado de un sabor amargo en la boca, náuseas e incluso dolor torácico que a veces se irradia hacia el cuello. Suele aparecer con mayor frecuencia en el tercer trimestre del embarazo debido al aumento del tamaño del útero, aunque algunas mujeres comienzan a experimentarla desde el primer trimestre.

Factores como la ingesta de alimentos grasos, condimentados o abundantes, el consumo de café, el decúbito inmediato tras las comidas o el aumento excesivo de peso pueden agravar el síntoma. Además, es más común en mujeres que han tenido acidez antes del embarazo o que están en su segundo o tercer embarazo. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, la acidez desaparece después del parto.

Una curiosidad interesante es que existe una antigua creencia popular que relaciona la intensidad de la acidez con la cantidad de cabello que tendrá el bebé al nacer. Aunque esto podría parecer un mito, algunos estudios han encontrado una posible relación debido a las mismas hormonas responsables de la acidez y el crecimiento del cabello fetal.

¿Cuál es la causa?

El reflujo gastroesofágico en el embarazo tiene una base fisiopatológica bien definida. Durante la gestación, los altos niveles de progesterona y relaxina provocan la relajación del esfínter esofágico inferior (EEI), una estructura muscular que normalmente evita que los ácidos del estómago regresen hacia el esófago. Este efecto hormonal, combinado con el retraso en el vaciamiento gástrico y la disminución del peristaltismo esofágico, facilita el reflujo de contenido gástrico.

En cuanto a la producción de ácido clorhídrico durante el embarazo, no hay evidencia de que esta esté aumentada de manera significativa. El malestar se debe principalmente a factores mecánicos y hormonales que afectan el EEI y la motilidad gastrointestinal. Sin embargo, en las primeras etapas del embarazo, cuando predominan las náuseas y vómitos, puede haber un desequilibrio temporal en el ambiente ácido del estómago, aunque esto no implica un aumento sostenido en la producción de ácido.

En las etapas avanzadas del embarazo, el útero aumentado de tamaño desplaza estructuras intraabdominales y ejerce presión sobre el estómago, incrementando el riesgo de reflujo. Además, ciertos alimentos y posturas pueden actuar como factores desencadenantes. Aunque este síntoma puede ser molesto, su presencia también tiene un beneficio secundario: la ralentización del tránsito gastrointestinal permite una mejor absorción de nutrientes para el bebé.

Consulta si...

Debes consultar a tu ginecólogo si los síntomas de acidez son persistentes, intensos o interfieren con tu calidad de vida, especialmente si van acompañados de dificultad para tragar, vómitos frecuentes o pérdida de peso. Tu médico podrá recetarte medicamentos más específicos, como antagonistas de los receptores H2 o inhibidores de la bomba de protones, asegurándose de que sean seguros para ti y tu bebé.

Recuerda que la acidez, aunque molesta, suele ser transitoria y desaparece después del parto, permitiéndote disfrutar plenamente de tu maternidad.

¿Qué hacer?

1. Evita alimentos que aumentan la acidez

Alimentos como los grasos, picantes, ácidos (por ejemplo, cítricos), chocolate o bebidas con cafeína y carbonatadas pueden irritar el estómago y aumentar la acidez. Sustitúyelos por comidas más suaves y de fácil digestón.

2. Realiza comidas más pequeñas y frecuentes

Comer en porciones reducidas varias veces al día, en lugar de grandes comidas, ayuda a evitar la sobrecarga del estómago y reduce el riesgo de reflujo.

3. Evita comer justo antes de acostarte

Cena al menos tres horas antes de ir a dormir. Esto permite que el estómago procese los alimentos antes de que adoptes una posición horizontal, lo que disminuye el riesgo de reflujo.

4. Eleva la cabecera de tu cama

Dormir con la parte superior del cuerpo ligeramente elevada, utilizando almohadas o un soporte, aprovecha la gravedad para mantener los jugos gástricos en su lugar.

5. Mastica bien los alimentos

Masticar despacio y adecuadamente favorece la digestión, reduciendo la carga de trabajo del estómago y minimizando el riesgo de acidez.

6. Usa ropa cómoda

Ropa ajustada alrededor del abdomen puede ejercer presión sobre el estómago y provocar reflujo. Opta por prendas holgadas y cómodas durante el embarazo.

7. Mantén un peso saludable

Controlar el aumento de peso recomendado durante el embarazo ayuda a reducir la presión abdominal y los síntomas de reflujo.

8. Evita fumar y el alcohol

Fumar y beber alcohol no solo empeoran la acidez, sino que también son perjudiciales para el desarrollo del bebé. Aprovecha el embarazo como una oportunidad para eliminarlos por completo.

9. Consume lácteos alcalinizantes

Lácteos como la leche, el yogur o bebidas vegetales como la leche de almendras pueden ayudar a calmar el estómago y neutralizar el exceso de ácido.

10. Prueba remedios naturales

Infusiones de melisa, manzanilla o jengibre tienen propiedades calmantes que pueden aliviar la acidez. Frutas como la papaya, el plátano o la manzana también son una buena opción.

11. Bebe agua entre comidas

Mantén una hidratación adecuada, pero evita ingerir grandes cantidades de líquido durante las comidas para no distender el estómago.

12. Mastica chicle después de comer

Masticar chicle estimula la producción de saliva, que ayuda a neutralizar los ácidos gástricos y favorece la limpieza del esófago.

13. Practica técnicas de relajación

El estrés puede agravar los síntomas de acidez. Practicar yoga prenatal, meditación o ejercicios de respiración puede ser beneficioso tanto para la madre como para el bebé.

14. Consulta con tu médico antes de usar antiácidos

Medicamentos como el algeldrato o almagato pueden ser seguros para aliviar la acidez, pero es fundamental usarlos bajo supervisión profesional.

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