DESDE LA SEMANA 20
Contracciones Braxton Hicks
A lo largo del embarazo puedes notar que tu vientre, de forma inesperada, se pone muy duro durante unos segundos y luego vuelve a relajarse. No es el inicio del parto, sino un fenómeno completamente fisiológico llamado contracciones de Braxton Hicks, también conocidas como falsas contracciones o contracciones de práctica. Aun así, y aunque son benignas y forman parte de la normalidad del embarazo, es importante saber distinguirlas de las contracciones reales de parto, ya que su sensación puede resultar muy similar y generar dudas, especialmente en las últimas semanas de gestación.
¿Cómo se manifiesta?
Las contracciones de Braxton Hicks suelen describirse como una sensación repentina de endurecimiento del abdomen. No es tanto dolor como una tensión incómoda que comienza en la parte alta del útero y desciende hacia abajo, haciendo que el vientre adopte una forma muy firme, a veces incluso “puntiaguda”. Duran poco: habitualmente entre 15 y 30 segundos, aunque en ocasiones pueden prolongarse hasta uno o dos minutos.
Pueden comenzar a notarse a partir de la semana 20, en el segundo trimestre, pero lo más habitual es que se perciban con claridad en el tercer trimestre, especialmente a partir de la semana 32, cuando se vuelven más frecuentes e intensas. No siguen ningún patrón regular, no aumentan progresivamente en intensidad y desaparecen con el reposo, el cambio de postura o la hidratación.
Son extraordinariamente frecuentes. Se estima que más del 70 % de las embarazadas las perciben en el tercer trimestre, aunque muchas mujeres primerizas no las identifican como tales o apenas las notan. Curiosamente, las mujeres que ya han tenido embarazos previos suelen percibirlas con mayor intensidad y reconocerlas antes.
No están relacionadas con el inicio del parto ni provocan cambios en el cuello del útero. Tras el parto, desaparecen por completo.
¿Cuál es la causa?
Las contracciones de Braxton Hicks reflejan que el útero es un músculo activo y eléctricamente dinámico durante todo el embarazo. Desde el segundo trimestre, las fibras del miometrio presentan descargas eléctricas espontáneas y descoordinadas que generan pequeñas contracciones parciales, distintas a las del parto real.
Esta actividad cumple funciones importantes: mantiene el tono del músculo uterino, favorece la circulación útero-placentaria y actúa como un entrenamiento progresivo del miometrio. Además, contribuye a la maduración de los receptores de oxitocina y prostaglandinas, preparando al útero para que, cuando llegue el momento, pueda responder de forma eficaz al inicio del trabajo de parto.
Las contracciones de Braxton Hicks son, en realidad, una señal tranquilizadora: indican que tu útero está activo, sano y preparándose, poco a poco, para el momento en que sí tendrá que trabajar de verdad. Tu cuerpo está ensayando, silenciosamente, uno de los procesos más complejos de la biología humana.
Consulta si...
Aunque las contracciones de Braxton Hicks son normales y benignas, conviene consultar cuando dejan de tener el patrón típico y no ceden con las medidas habituales.
Debes pedir valoración si notas que se vuelven rítmicas, cada vez más intensas, más largas y más frecuentes, si se acompañan de dolor lumbar que se desplaza hacia el abdomen, flujo rosado o sanguinolento, pérdida de líquido, sensación de presión pélvica marcada o síntomas digestivos como náuseas o diarrea.
En esta situación, el ginecólogo realizará una valoración orientada a diferenciar si se trata de actividad uterina fisiológica o del inicio de un trabajo de parto, especialmente si ocurre antes de término. Habitualmente puede incluir la monitorización uterina para registrar las contracciones, una exploración cervical para comprobar si existe dilatación, una ecografía transvaginal para medir la longitud del cuello uterino y un análisis de orina para descartar infección urinaria, uno de los desencadenantes más frecuentes de actividad uterina.
En la mayoría de los casos se confirma que siguen siendo contracciones de Braxton Hicks, pero esta valoración permite descartar con seguridad un posible inicio de parto prematuro y aporta tranquilidad.
¿Qué hacer?
1. Asegura una hidratación adecuada
Bebe agua con regularidad a lo largo del día. Una deshidratación leve puede aumentar la excitabilidad del miometrio y hacer que estas contracciones aparezcan con más frecuencia.
2. Cambia de postura y realiza movimientos suaves
Si notas el abdomen duro, cambia de posición. Levántate si estás sentada, siéntate o túmbate si estabas de pie. Caminar despacio o tumbarte de lado suele ayudar a que cedan.
3. Prioriza el descanso físico
El cansancio favorece la actividad uterina. Reducir el ritmo, hacer pausas y respetar tus tiempos de descanso puede disminuir su aparición. Hazlo en una posición bien cómoda para poderte relajar.
4. Vacía la vejiga con frecuencia
Una vejiga llena puede estimular el útero por proximidad anatómica. Orinar con frecuencia puede aliviar estas sensaciones.
5. Inmersión en agua y calor local.
Una ducha o un balo templado, o aplicar calor suave con un paño en la zona abdominal ayuda a relajar la musculatura uterina y disminuir la tensión.
6. Practica respiración consciente y técnicas de relajación.
Practicar respiraciones lentas y profundas favorecen la relajación uterina y, además, te sirven como entrenamiento para el parto.
7. Reduce estímulos y estrés
Ambientes tranquilos, menos ruido y menos actividad mental favorecen que el tono uterino disminuya.
8. Cuida la alimentación y el aporte de magnesio
El estreñimiento y la distensión abdominal pueden favorecer su aparición. Realiza comidas ligeras y frecuentes, ricas en fibra. Verduras de hoja verde, legumbres y frutos secos aportan magnesio, que contribuye a la relajación muscular.
9. Evita desencadenantes cuando sean muy frecuentes
Si te aparecen con demasiada frecuencia evita ejercicio extenuante, cargar peso, mantener relaciones sexuales, cansancio extremo.
10. Busca apoyo emocional si te sientes desbordada
Entender que estas contracciones son normales y compartir tus dudas puede ayudarte a disminuir la tensión emocional que también influye en la actividad uterina.